Exposiciones



Cartel de la exposición



Pecados pomarados















    
   Fuente de inmortalidad para muchas culturas. Fuente de pecado en el Antiguo Testamento, discordia para tres diosas griegas, e indirectamente causa la guerra de Troya. Para Newton el objeto que le hizo conocer la gravedad, diana para Guillermo Tell para demostrar que era el mejor tirador de ballesta del reino, y deliciosa trampa para Blancanieves.
    Nos gusta asociar nuestra poma al pecado, siendo conscientes que los pecados no tienen por qué tener connotaciones negativas. ¿Por qué debe ser pecado dar a probar un dulce manjar?... ¿Es acaso malo disfrutar de algo que inunda de buenas energías nuestros adentros?... ¿Por qué evitar esos sentimientos tan difíciles de catar hoy día? No dejemos que ganen esas malas interferencias que espantan grandes delicias de la vida...



Hoja del deseo




    Anhelo de saciar un gusto, sentimiento intenso por conseguir algo, eso es un deseo...
    Nuestra naturaleza nos hace creer en 'algo': no se trata de ídolos, se trata de esa energía que nos rodea y nos hace sentir la magia innata de un niño. Por ello, en ocasiones, apostamos todos nuestros anhelos en una ráfaga de aire, esa que, al abrirse camino entre nuestros labios, sentimos como la impregnamos de nuestro deseo más poderoso en ese momento. La mandamos con el vehículo más cercano, esa pestaña desprendida del ojo, como la hoja caída de un árbol. En esa hoja confiamos plenamente como pocas veces hacemos, esperamos que esa 'energía' reciba nuestro deseo y lo cumpla como buen ejecutor de anhelos que es. Puede que el transporte falle a veces, puede que no actúe como queremos, sin embargo, en ese instante, con el cosquilleo en los labios, parece que ya recibimos un pedacito del ansiado deseo...
    Son pequeños soplidos los que nos ayudan a mantenernos conectados a ese otro mundo que nos rodea, y aunque nos cueste creer en él, o creamos firmemente en su inexistencia, siempre queda un suspiro de deseo con el que probamos suerte... ¿No es así?...


Ostra lunar
















   
 Un cuerpo extraño penetra en el interior de la ostra, esta para defenderse lo cubre de nácar dando lugar a una hermosa perla. Nuestra ostra es especial, sus células no son de nácar sino de luna por lo que dió lugar al nacimiento de una piedra luna...
    Tendemos a afrontar erróneamente el dolor, lo sufrimos y, a veces, hasta nos recreamos en él dejando que nos envenene sin que lo sepamos provocando sentimientos no muy aconsejables. Algo hay que aprender de las ostras, ante un elemento extraño que invade su interior, actúan cubriéndolo de una sustancia que convierte el objeto usurpador y dañino en algo bello y delicado que las hace más completas. Ante una herida en nuestra alma reaccionemos, aprendamos de nuestra vulnerabilidad ante ese dolor cubriéndolo de buenos aprendizajes, descubriremos que muchos dolores de los que sentimos son porque no hemos aprendido a reaccionar correctamente. Cultivemos sobre las heridas nuevas sensaciones que hagan nuestra persona más fuerte y sabia para sentir cada vez menos dolor y más satisfacción por ser lo que somos.
    La próxima vez que os encontréis con un granito de arena que os usurpa el alma, no os alejeis, fijaros en él y aprended como algo aparentemente dañino se convierte en algo precioso.



Mandalismos oníricos



    Mandala, círculo en sánscrito, centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente. Representaciones del macrocosmos y el microcosmos, su origen está en la India sin embargo, las formas mandálicas, se propagaron por multitud de culturas. Son definidos como un diagrama cosmológico usado para la meditación, formas geométricas básicas concéntricas, suelen ayudar a potenciar la creatividad, así como llegar a tu esencia, abre puertas desconocidas y potencia la sabiduría interior.
    En la cultura hindú y budista sus mandalas, además de preciosos, son una herramienta de meditación para conectar con el yo interior. Quizá esto parezca una tontería, pero párate a pensar... ¿Alguna vez te has visto sorprendido mirando algo fíjamente mientras reflexionabas sobre alguna preocupación? Más o menos es lo que produce el crear o simplemente colorear un mandala, de repente te percatas que el trazo del lápiz no sólo suelta grafito sobre el soporte usado, sino que también inunda el interior de una profunda relajación que te transporta a tu esencia. Algo así como un onirismo, un proceso de abstracción que al mismo tiempo que te sugiere la próxima forma geométrica de tu mandala te da las claves de una parte desconocida de ti. Los mandalas son como un despertar, una forma solar que ilumina nuestros oscuros rincones... Buscad las geometrías que os rodean y dejad que despierten el interior.



Triadas invertidas










   




        El triángulo es una figura geométrica basada en el número tres, figura resultante de la unión de tres puntos por tres líneas rectas, simboliza el ciclo de la vida que comprende tres estados: nacimiento, vida y muerte. Símbolo de perfección, armoría y sabiduría.
    Hay muchas cosas que implican la existencia de un triángulo, la tierra es el tercer planeta de nuestro sistema solar, el cual requiere de tres elementos para su regeneración: aire, fuego y agua. Tres son los tipos de triángulos: equilátero, isósceles y escaleno.
Para los griegos el imperio se dividía en tres deidades: Júpiter como Rey de los cielos, Neptuno como señor de los mares y plutón como Tirano de los infiernos. Tres son las virtudes teológicas: fe, esperanza y caridad.
La forma de triángulo invertido, se asocia a la feminidad o sexualidad de la mujer, el triángulo con vértice hacia arriba representa lo masculino, su combinación puede representar la unidad y la armonía. Hay multidud de ejemplos que nos llevan a la conclusión de considerar un triángulo como símbolo de perfección y origen de todas las cosas, es un gran foco de energía. No dudéis de mezclar vuestras triadas, de ello saldrán bellas armonías.



Abrazos de deseo


    Según la leyenda, un joven monje Bön, tras meditar sobre una de las bases chamánicas de su religión – aquella que proclama que un deseo puede hacerse realidad, siempre que compartas un secreto y lo desees de corazón -, creó el cofre de los deseos.
    Creó un artefacto de plata, metal mágico para los antiguos tibetanos, de forma cilíndrica, alargada, con un tapón y una anilla para poder llevarlo siempre cerca del corazón. Escribió en un pequeño pergamino un deseo, y en el revés un secreto que solo él conocía, introdujo el escrito en el cofre. Su monje superior se mofó, sin embargo él demostró que su deseo se cumplió, consiguió llegar a ser monje superior del monasterio de Wangbur.
    Al introducir un secreto en el interior del cofre de los deseos se dota al colgante de alma propia. El deseo debe ser único y de corazón, al permanecer junto a quien lo ha escrito, y cerca de su corazón aumenta su capacidad espiritual de cumplirse.
    Cuenta la leyenda que el monje en su último uso del cofre, desapareció, su deseo fue ver la luna lo más cerca posible…
    El cofre de los deseos debe bañarse de los rayos de la luna en la etapa de plenilunio para aumentar su carga. Tras cumplirse el deseo se debe quemar el papel, y nunca debe ser transferido a otra persona.
    Usad vuestro cuerpo y mente como cofre del deseo, veréis como con lucha y convencimiento muchos sueños se harán realidad. Abrazad vuestros cofre, a cambio os corresponderá con deseos cumplidos…


Escudo del alma

 

    Siempre han existido amenazas de las que protegernos y defendernos, por tanto siempre hemos necesitado un escudo y un arma...
    No siempre se trata de agresiones físicas, muchas veces la agresión que sentimos es en el alma, quizá son éstas las más abundantes y dañinas. A veces percibimos por los sentidos cosas que nos llegan en forma de lanza afilada, directamente al corazón, resultando éste herido. Hay que aprender a protegerse, deberíamos poner un escudo delante de nuestros ojos u oídos.
    A veces la agresión no llega con intención de dañar, pero nuestro interior a veces, hace de diablillo vertiendo una gota de veneno en la punta. No olvidéis algo, no hay mejor escudo que una buena arma, como es el alma pura, ella evitará, casi en la totalidad, cualquier tipo de agresión. Es una pena que no abunde esa pureza, debido que nuestro interior se corrompe con el paso del tiempo.
    Abusar de los escudos no es nada bueno, muchas veces dejas que tu escudo te cubra tanto que te tapa un enorme caparazón. No llegarán la mayoría de las dagas envenenadas, pero tampoco las otras muchas sensaciones que, al contrario de dañar,  mejorarán tu armonía interior.
    ¿Cuál es el tamaño adecuado de un escudo? Cada uno tiene en sus manos la respuesta, fabricad el vuestro con cuidado y en su justa medida.



Astrolabio en el desierto





    Instrumento utilizado para medir la posición de los cuerpos celestes. Consiste en un círculo, dividido en grados con un brazo móvil montado en el centro de dicho círculo. Cuando el punto cero del círculo se orienta con el horizonte, la altura de cualquier objeto celeste se puede medir observando el brazo. Con él somos capaces de sostener un modelo del universo en nuestras manos. El astrolabio actúa para conectarnos con el cielo nocturno, para elevar la mirada y ver lo visible e invisible. Tiene cientos de usos, navegación terrestre, cálculos de ecuaciones matemáticas. Son maravillosas obras de arte, artesanía y precisión. Su red simétrica representa el cielo totalmente asimétrico. Con las nuevas tecnologías, ganamos en exactitud pero perdemos algo esencial, la percepción palpable de las cosas, como el cielo. Esa percepción sutil de cómo las cosas encajan unas con otras entre sí y de cómo nosotros conectamos con el mundo.
    Muchas veces nos encontramos perdidos, sin camino que seguir en la inmensidad del desierto. En ese momento, lo que hacemos es recrearnos en nuestra desdicha, lo cual, hace que el desierto se haga cada vez más y más inmenso. Sin embargo, olvidamos que somos parte de algo, y éste nos ayudará. Mirando a nuestro alrededor, puede sorprendernos la solución, no bloqueemos la mente, confiemos en que llegue una señal que nos haga de guía. El universo mostrará un instrumento que nos orientará y ayudará a visualizar nuestro destino. Cuando menos lo esperes, allí estará. Sentiremos como el desierto que ocupaba nuestra mente, se transforma en una cúpula celeste dotándonos de claridad.

Nautilus áureo




    En toda la infinidad de formas de la naturaleza hay una lógica matemática. Es el número de oro, (PHI), Φ, también conocido como la proporción áurea, uno de los conceptos matemáticos que aparecen una y otra vez unidos a la naturaleza y el arte. Está ligado al denominado rectángulo de oro y a la sucesión de Fibonacci. Aparece repetidamente en el estudio del crecimiento de la naturaleza, sobretodo el crecimiento de los organismos vivos,  y por supuesto en cualquier estudio armónico del arte.
    La proporción áurea se encuentra muy a menudo en las espirales, la llamada espiral áurea está presente en objetos naturales como la concha del Nautilus, o en los brazos de las galaxias.
Cómo puede ser que algo tan exacto como la matemática, aparezca como característica esencial en la naturaleza, siendo esta algo vivo, que crece en multitud de formas sin sentido aparente… Porque formamos parte de un todo.
    Somos parte de la naturaleza, sin embargo, tendemos a pensar que cada persona es muy diferente a otra, sí, es cierto,  interiormente cada uno va matizando su interior según el paso del tiempo le enseña. Sin embargo, no hay que olvidar que todos formamos parte de algo, somos como esos planetas, estrellas, polvo, que giran alrededor de la misma cosa. Cuando topéis con alguien quizá sea diferente en la forma, pero recordad que es parte de la misma espiral, esperad a conocer los compartimentos de su caparazón antes de juzgar y veréis cómo igual encontráis oro…







Dibujos: María Herrero. 
Piezas de plata y textos: Laura Santamera.



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